sábado, 25 de marzo de 2017

Un día cualquiera con Mambo Chic

Un muchacho negro caminaba vacilante por la avenida con ojos blancos como sal y nieve del Kilimanjaro. Solo la luna le vio dejarlo frente al portal.
Chic la Africana se ha levantado con la cabeza embotada por un sueño nocturno recurrente, banda sonora de tambores incluida. El pez, inflado como un globo y carente de frescura,  está en el suelo cuando ella sale a la calle. Cuidadosamente, asiéndolo con los dedos índice y pulgar de la mano derecha, lo tira al contenedor. Tiene cita con el dentista y en la manicura. Sale de ambos lugares luciendo unos dientes como cuchillos de alabastro y unas uñas decoradas con bonitos dibujos plateados.
De vuelta a casa, siente el ansia de comer aceitunas. Entra en el minimarket de los olvidos, el de todo un poco que han abierto en la esquina hace menos de un mes. Allí, frente a la estantería, desea saber cuántas olivas llevaba exactamente una lata, y la abre. La cajera le increpa, pero el enfado es más porque casi se corta con los filos que presenta el recipiente, que por la bárbara actitud de la clienta. Las uñas de Chic refulgen como acero bruñido.
-No sabía si eran con hueso o rellenas –dice como excusa increíblemente tonta. No llevo las gafas.
-¡Podía haber preguntado! ¿Se las echo en otro recipiente o se lo lleva así?
-Así mismo. –pide. Póngame, por favor, un coco de esos también.
En casa, con la boca llena de esparto tropical, contempla el serpenteante collar de cuentas oliváceas dispuesto sobre la mesa. Su voz resuena sibilante al proferir riendo: sesenta y siete. 


Imagen de Internet
  

martes, 14 de febrero de 2017

Magnetoquímica animal

         En la noche del 14 de febrero de 1.967 un barco recaló, para protegerse de la tormenta, en las brumas sulfurosas de una isla que no aparecía en los mapas, al norte de Rutherfordio. La tripulación encontró, en una construcción de troncos mal dispuestos, a una mujer ausente en un mundo del que no lograron sacarle y con un aspecto incierto, porque la falta de luz y el hecho de que su cuerpo estuviese bajo una lona mugrienta, les hizo simplemente intuir a una piltrafa humana estragada por su estancia en ese lugar después de un naufragio, pero estaba viva. Los marineros, pese a estar curtidos en aguas tenebrosas, sintieron cierto desasosiego. La noche fue larga. Bebieron para pasar el trago. Al amanecer les despertó un ronroneo de procedencia desconocida. La mujer estaba sentada apoyando la espalda en una roca. Sujetaba una cestilla hecha de tallos entretejidos. Estaba preparada para marchar. 
            Cuando el capitán Ununpentio le dio la bienvenida en cubierta, sufrió un mareo. El recipiente cayó derramando su contenido. Había un trozo de madera con un plumín de hueso, un cuenco con restos resecos de algo negruzco, un sílex, dos agujas de piedra, un diminuto corazón momificado y una piel animal garabateada por ambas caras. La primera frase de la lista decía: “Ciclón y yo ya somos inseparables”. Extendió la mano suplicando la devolución de sus cosas y levantó la cara. Se vieron entonces unas uñas curvadas y puntiagudas, una pulsera de pelo sedoso más incrustada en su carne que bailando en su muñeca, unos ojos dorados como doblones antiguos y unos colmillos minúsculos en comparación con las otras piezas, pero muy afilados. Lamió el dorso de la mano y la pasó por su pómulo derecho. Levaron anclas y pusieron rumbo al sol. 
             Atardecía cuando echaron de menos a Wolframio. Concluyeron que había caído por la borda durante la tempestad. En la playa, el joven perseguía a la gata Tormenta, buscando en ella la sangre, la compañía y algo que sobre la marcha se le ocurriría, porque intuyó que tenía por delante un año para averiguarlo… o cincuenta. 



Publicado en el dossier nº 154 -Gatos- de la revista digital miNatura. Ciencia Ficción, Terror y Fantasía. Página 97

Para descargar la revista completa pinchar aquí. Merece la pena.



Como una reina

 -¡Corre, no seas tonta! –grita Manuela al personaje de la pantalla.
La rubia guapa lleva unos huevos enormes en la mano. Tragedia segura, piensa. Siguientes escenas: un mozalbete cayendo desde una torre, un señor intrigante, una mujer envenenada y unos parentescos que le sobrepasan. Comen, beben, aman, odian y además otras cosas de capa, espada y fantasía.

-¿Qué haces levantada? –dice su nieta.
-Ver la novela.
-Ya estás con el sueño cambiado otra vez. Vete a la cama, anda.  
-Espera, el menudillo ese empieza a caerme bien. ¡Tráeme una manta, nena, que estoy helada!

(No abandonaré mi trono ¡para una vez que tengo el mando!). 


martes, 17 de enero de 2017

Duelos y quebrantos

El sujeto daba cuenta con avidez de un valiente plato de duelos y quebrantos. A través de una pared transparente le observaban El Cura y El Barbero, nombres con los que les bautizó a su llegada. Las luces del techo realzaban las violáceas pieles de ambos. Su trio de ojos anaranjados, extrañamente, ya no le parecían tan inquietantes. Quiso la fortuna que le registrasen con el nombre de espécimen ALONSO1605QUI, y desde el principio mostraron un interés por su persona que no le pasó desapercibido.

El sujeto hablaba un lenguaje anterior a la versión 2.0, y no les quedó otro remedio que implantarle un conector de última generación, pero, aún con eso, no interpretaban bien su verbo, que les parecía parlamentos de un sinseso. Desde entonces él sí que les comprendía, y hasta leía sus pensamientos, pero ellos ésto lo ignoraban.

 -Saludos –pronunció El Cura irrumpiendo en la celda. Alzó el hombro derecho, pues tenía por cierto que sin gestos no había entendimiento.  

 -Non recuerd mi persona asdfg viandasss +dignas de alta messsa ni servidds de forma tantan pulida –contestó irónico. Después, el saludo: levantó  los hombros en alternancia, plantó el pulgar en la nariz y agitó los otros dedos en aleteo acompasado.

El sujeto, cuando las lunas le inspiraban, se daba de calabazadas contra la puerta en pena de corazón llagado por una dama lejana. Aderezaba el cuadro con  delirios de enderezador de tuertos y de reparador de agravios, envistiendo con adarga imaginaria a viles criaturas y simulando volar en un caballo que le llevaba de regreso a un lugar tan inalcanzable, que de su nombre ya no se quería ni acordar. Recibía sayos nuevos de lo más fino. Su porte, otrora recio y seco de carnes, se había fortalecido, y su rostro ya no era tan enjuto. El ingenioso ALONSO1605QUI ideó ser bufón en Barataria, pues de otro modo, hace tiempo que se habría tornado en chacina para las bodas de Camacho.



Publicado en el dossier nº 153 -Universo Quijote- de la revista digital miNatura. Ciencia Ficción, Terror y Fantasía. Página 74. 
           

martes, 3 de enero de 2017

El once aquel

Matías me sorprendió cruelmente poco antes de ser llevada al quirófano. Entonces, anestésico de larga duración. 

Hoy despierto. 

Mañana Pilar cumplirá quince años y he decidido que ya no reciba desde el Hudson tu habitual felicitación impregnada de queroseno. El Ebro romperá el silencio ahora que las lágrimas están secas. 



Escrito en septiembre de 2016 para 50 Palabras

martes, 20 de diciembre de 2016

Reserva espacial

   La chica del calendario de Talleres Mecánicos Houston me guiña un ojo al son del despertador. Marco con una línea en diagonal el día. Dentro de veinticuatro horas cruzaré otra. La noción del tiempo es difusa entre amaneceres y ocasos vertiginosos. El planeta es una canica azulada suspendida en el silencio.

    Añoranza. En casa será otoño y la vendimia terminaría hace semanas. Adivinar la hora exacta ya es para aplaudirme, pero fantaseo con haberme comido un potaje y que mi digestión dormita bajo el sol del porche, donde soy guardián de la cosecha del 16.  


Panacea

El bibliotecario tomó “Sol de otoño” de Fiódor Smirnoff de la bodega, lugar secreto donde reposaban las rarezas, entre ellas el incunable legendario recién encontrado. La falsa cubierta disfrazaba un antiguo tratado medicinae. Una nota de su antecesor en la guarda le advertía, pero la tinta púrpura como hollejo de garnacha le hizo imprudente. Elaboró el bálsamo de un tal Blas el Feo, mas los enrevesados tipos góticos y su insuficiente dominio del latín hicieron que errase ingredientes, así se explica: le salió una sangría. No curaba, pero pasó muy animado toda la estación.

´¿Quien sabe la fórmula del Bálsamo de Fierabrás?